SER MONJE

“Adelántense para honrarse unos a otros; tolérense con suma paciencia sus debilidades, tanto corporales como morales; obedézcanse unos a otros a porfía; nadie busque lo que le parece útil para sí, sino más bien para otro; practiquen la caridad fraterna castamente; teman a Dios con amor; amen a su abad con una caridad sincera t humilde; y nada absolutamente antepongan a Cristo, el cual nos lleve a todos juntamente a la vida eterna”. De la Regla de Nuestro Padre San Benito, cap. LXXII, 4-12.

 

abaddia-san-benito-el-monjeSe puede decir que San Benito al escribir su Regla se propuso formar monjes. Ha buscado simplemente coordinar y resumir para los discípulos que le siguieran, los principios de ascesis y de santificación elaborados por los Padres del desierto en los siglos anteriores, pero esparcidos en sus tradiciones escritas u orales.

¿Qué es exactamente un monje? En el lenguaje corriente esta palabra es sinónimo de religioso y designa indistintamente a todos los que pertenecen al clero regular. Pero hablando con exactitud la denominación de monjes no conviene sino a los miembros de las Ordenes llamadas contemplativas. Y desde los orígenes de la Iglesia ha quedado determinado el sentido de esta palabra con las célebres definiciones de San Dionidio en su Tratado de las Jerarquías Eclesiásticas:

“Los monjes se llaman así (de la palabra griega “monos”, que quiere decir: uno, y: solo) en razón de su vida de unidad sin división, por la que, alejando su espíritu de la distracción de las cosas múltiples, lo arrojan sobre la unidad divina y sobre la perfección del santo amor”. Y en otro lugar dice aún: “La orden monástica no se ha establecido para la dirección de los demás; sino que, ocupándose de sí mismo, debe vivir en un estado de soledad y vida santa”. (Cap. VI, 3, I; I, 3).

 

Los monjes son, pues, los religiosos que viven separados del mundo y que no están destinados específicamente a ninguna obra exterior determinada; sino que colocan la oración en el primer plano de sus ocupaciones cotidianas. San Benito coloca a sus monjes en un cuadro de silencio, los libera del mundo exterior por la práctica de la pobreza, y de sí mismos, por el voto de la obediencia. Los orienta esencialmente hacia la “conversión de sus costumbres”, es decir hacia la búsqueda de la santidad.

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