EL OPUS DEI: LA ORACIÓN

“Creemos que Dios está presente en todas partes, y que los ojos del Señor vigilan en todo lugar a buenos y malos, pero debemos creer esto sobre todo y sin la menor vacilación, cuando asistimos a la Obra de Dios.

Por tanto, acordémonos siempre de lo que dice el Profeta: Servid al Señor con temor. Y otra vez: Cantad sabiamente. Y: En presencia de los ángeles cantaré para ti.

Consideremos, pues, cómo conviene estar en la presencia de la Divinidad y de sus ángeles, y asistamos a la salmodia de tal modo que nuestra mente concuerde con nuestra voz”.  De la Regla de San Benito, cap. XIX.

 

La unión con Dios comienza ya en esta vida, por la gracia del bautismo, la oración y la contemplación. La jornada del monje se estructura en un ritmo alternado de oración, de trabajo, de lectura espiritual. El Oficio Divino, la Liturgia de las Horas, marca los tiempos del día, invitando al monje a alabar al Señor, a suplicar su misericordia, a agradecer sus bondades, a implorar por sus hermanos y sus propias necesidades. “Siete veces al día” y al levantarse a media noche, son los tiempos que establece San Benito para la oración litúrgica, que la autoridad de la Iglesia ha mantenido durante siglos. Rezando, pues, las alabanzas divinas, el monje anticipa la participación en la liturgia celestial, y los fieles de todas las épocas han acostumbrado unirse a ellos.

El primer deber y la principal ocupación del monje, y la mayor dicha de su vida, es la celebración cotidiana y solemne del Oficio Divino, que viene a ser la forma más elevada y fácil de la vida contemplativa. Todo en el monasterio benedictino está subordinado a este ejercicio de culto y alabanzas divinas, a esta obra de Dios por excelencia. OPUS DEI, como dice San Benito.

El Oficio Divino, y en estos entra la Misa Conventual diaria, ocupan, como dijimos anteriormente, la mayor parte del día del monje. Siguiendo la tradición de Solesmes, que ha sido una gran escuela de Liturgia y canto gregoriano, los monjes de la Abadía de San Benito, procuran dar a las celebraciones y al canto todo el esplendor que se merecen, ya que, como dice nuestro Padre San Benito: “Dios está presente en todas partes pero sobre todo cuando asistimos a la Obra de Dios.”

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